IZQUIERDAS Y DERECHAS


Iaquierdas y derechas

Derecha e Izquierda: la impuesta y falsa oposición.

Se ha logrado imponer, en casi todo el mundo, la idea de que uno puede optar políticamente entre ser de Derecha o Izquierda y, derivadas de estas, todas sus variantes. Se nos presentan periódicamente candidatos de ambos lados, opuestos entre sí, ofreciéndonos “diferentes” modos de implementar el gobierno de una nación; y nosotros, alegremente optamos por alguno de ellos y le ofrecemos pasivamente, en las tan amadas “jornadas democráticas”, nuestro aval o voto para que el ganador ejerza su poder y lleve a cabo su programa de gobierno. A simple vista parece justo y hasta pacífico. Pero no lo es.

“Divide y reinarás” reza un antiguo proverbio. Y no hay mejor división ni más simple para que entiendan las masas, que la de Derecha e Izquierda. Se les podía haber ocurrido blanco y negro, o alto y bajo, lo mismo da; pero lo más adecuado fue Derecha e Izquierda. No solo por el simple hecho de disponer del mundo mediante un gesto bíblico, o talmúdico, con ese movimiento de manos grotesco tan caro a ciertas personas, marcando la Derecha, como barriendo el aire despectivamente hacia un lado, o Izquierda con desaire hacia el otro; sino que es simple de recordar para todos, está inclusive instalado en nuestro cerebro (supuestamente así está dividido) también en su momento fue una forma de dividir el mundo (cada lado era inversamente ideológico que su geografía, por supuesto…).

En síntesis, la Derecha odia al pueblo, a lo social, y se ocupa de concentrar los bienes o recursos en manos de unos pocos dejando que las fuerzas de la política y la economía sean manejadas por estos pocos fuera del estado. La izquierda, por el contrario (pero la misma base), odia a la oligarquía terrateniente e industrial, representada por la idea de nación, la nación terrateniente, y quiere que los bienes y recursos queden en manos de unos pocos, el comité comunista por ejemplo, y de esta manera manejar el gobierno y la economía desde dentro del estado. Este odio es instalado, pero es mentira; el verdadero objetivo es que un grupo pequeño concentre la propiedad de los bienes, y este grupo puede ser de diferente ideología, pero son de la misma religión; en verdad, de la misma raza o pueblo.

En un caso, la Derecha, todo se concentra en manos de un grupo de grandes empresas, o los bancos dueños de estas, da lo mismo, con pretendida injerencia internacional y globalizadora. En el otro, izquierda, los bienes quedan en manos de un pequeño comité o politburó, que concentra todos los medios de producción y los dispone a su antojo, también con intenciones internacionalistas y globalizadoras. Ambas en lo profundo odian el concepto de nación, de pueblo identificado con una tierra determinada, no así quien verdaderamente inventó estas concepciones de izquierda y derecha; ellos si conocen el concepto de pueblo unido “elegido” y supremacista que tiene un fin determinado otorgado por una entidad superior, Yahvé; pero estos conceptos de Derecha e Izquierda, acaparan la atención de los indefensos gentiles quienes se identifican con ellos y trabajan para ellos, y terminan por creerse realmente lo que cada idea transmite y, lamentablemente, la aplican al resto de los hombres sin saber que son simples títeres, esclavos, de los Amos del Mundo.

La Derecha, con un discurso más medido por cuanto no puede a viva voz gritar que odia a los trabajadores y a los pobres debido a la debilidad de estos, detesta al pueblo y desea que éste sea servil a sus intereses mediante las herramientas ya conocidas por todos, mano de obra barata, condiciones de trabajo pésimas, etc. etc. La Izquierda, se disfraza en un odio hacia la clase oligárquica y latifundista, pero su odio no es más que para los trabajadores a quienes finalmente somete, con un discurso retorcido que pretende defender la condición de proletario, de defender esta clase social a la vez que el mensaje niega y odia a esta clase social y la considera inferior y de la cual se debe salir a toda costa mediante la lucha para convertirse en quienes odian. Ambas se odian mutuamente y buscan la destrucción de aquello que consideran su oponente, sin importar si son ciudadanos de una misma nación, ni si comparten cultura, tierra, sangre o historia. Ambas ideologías, fueron creadas justamente para atentar contra la idea de Nación, tierra, sangre, cultura etc. Si en algo están de acuerdo es en la globalización del mundo, la multiculturalidad del mismo, y el sometimiento a lo material, a los bienes, a los recursos, que rodean al hombre. No consideran a la persona como un individuo independiente del devenir materialista económico de la historia. Ni Marx, ni Ricardo, ni Smith ven otra realidad que no sea ligada a la materialidad de la producción y los bienes que surgen de esta.

Esta Derecha e Izquierda que gobiernan al mundo libremente desde el fin de la segunda guerra mundial, probaron ya con creces, cuan ineficaces son para esta tarea de gobernar y brindar felicidad y bienestar al mundo. Sus recetas son excelentes desde el punto de vista de la minúscula minoría que maneja a su antojo a esta derecha e izquierda, el 0,01% de la población mundial, un poco menos buenas para otro 1%, que no son más que empleados del 0,01% anterior, quienes viven sometidos pero ignorantes de su condición patética; y las recetas son pésimas y esclavizantes para el 99% restante del planeta que, ignorantes o no, en este caso muchos saben de la explotación a la cual son sometidos, no tienen nada que hacer más que someterse.

Para ambos, derecha e izquierda, los trabajadores o “el pueblo” es un bien de cambio. Es una cosa más en su concepción materialista y económica de la historia y la realidad. Obviamente que ambas doctrinas intentan disfrazar esto como ya señalamos. La izquierda trata a los trabajadores de “proletarios”, les asegura que la clase social a la que pertenecen es la explotada y humillada, y los exhorta a luchar contra otra “clase” social, destruirla y quitarle aquellos bienes que se apropiaron en perjuicio de ellos; pero nunca ser de esa clase, los bienes deben ser entregados al Estado, o mejor dicho, a los poco “elegidos” que componen ese Estado Comunista (el comité comunista que gobernó la Unión Soviética estaba compuesta de 59 miembros, todos ellos judíos) y así este pequeño grupo que maneja el estado disponer de estos bienes en “beneficio” del pueblo. Los ejemplos están a la vista, no hace falta comentarios. Pero lo cierto es que Marx y compañía despreciaban al pueblo y los proletarios y así todos aquellos que intentaron poner en práctica sus absurdos ideales. Lograron con este absurdo sistema, por no decir infantil doctrina que es el comunismo, llevar a cabo otro fin, su verdadero fin que no es otro que apoderarse de los bienes de un pueblo (ver revolución Rusa y como desvalijaron a ese pobre pueblo Lenin y sus secuaces hasta llevarlo a la ruina más absoluta de la que haya registros, hoy día Rusia es dominada por una banda de mafiosos) y luego matar de hambre a ese pueblo ( en el caso de Rusia precisamente en venganza de los pogromos contra judíos llevados a cabo unos años antes de la “revolución” rusa).

El deterioro que produce un sistema comunista en una nación es probado y manifiesto. Logra llevar a cabo la acción más antinatural conocida como la de enfrentar a hermanos, la destrucción de una nación desde adentro, infiltración, produciendo una lucha entre “clases”. Pretende una comunidad contraria a la impuesta por la los principios naturales de jerarquía y de desigualdad que ni los animales pretenden cambiar, prometiendo a los pueblos una igualdad imposible y dañina, sabiendo de antemano que esto solo provoca una masa indefensa al servicio de un pequeño grupo que los domina, al igual que en el capitalismo. Esta “igualdad” que predica la izquierda mediante el comunismo y sus variantes, lleva justamente a todo lo contrario. En vez de aceptar la condición de “trabajadores” y darle la importancia que estos tienen para la vida de una nación, como hicieron los fascismos, reconociendo los principios establecidos previos al hombre por la Naturaleza de Jerarquía y desigualdad, lo cual no implica menospreciar a los más débiles ni maltratarlos, sino todo lo contrario; la izquierda, y ahora también la derecha, ambas concepciones seculares y políticas del Sionismo el cual a sí mismo se reconoce como supremacista, desconocen estos principios naturales y al hacerlo los niegan provocando la verdadera desigualdad que existe hoy día luego de más de 70 años de gobierno mundial repartido entre izquierda y derechas, que el 99% de la población mundial viva en condiciones paupérrimas. Al no aceptar lo impuesto por la Naturaleza, y engañar a las masas con la ficción de una comunidad de iguales, lo que provocan es la destrucción de la sana jerarquía que debe dominar a los hombres para que exista la eterna lucha por superarse en vez de estandarizar a la masas en una condición de esclavos serviles al dinero como actualmente se ha llevado a la humanidad. Una igualdad, que es una igualdad de esclavos, de sometidos y serviles que solo se mueven por el dinero y donde no existen los verdaderos valores que supo tener alguna vez la raza humana.

La derecha, odia a los trabajadores, y lo hace más francamente, directamente, lo hace a viva voz y no requiere del disfraz de la izquierda (la cual no por tener el disfraz puesto los odie menos). La derecha lleva a cabo el mismo fin de la izquierda, acumular los bienes en manos de uno pocos, pero lo hace fuera del Estado. Los bienes quedan en manos de empresas y bancos privados. Llegado el caso, de cualquier modo, ambos, izquierda y derecha, cooperan y surgen entonces las alianzas como la que pudimos apreciar en la segunda guerra mundial.

En la actualidad, la simbiosis entre izquierda y derecha es tan manifiesta que repugna, tal vez por haber logrado ya tanto poder que no preocupa esconder el juego como en otras épocas donde debían quitarle adeptos a los fascismos y ponían en escena la farsa con más disimulo. Hoy China y USA se deben amor mutuo; lo mismo entre otros regímenes. La religión judía, a la cual pertenecen sin excepción los creadores e impulsores de ambas corrientes, logró además crear la religión del Holocausto en la cual deben creer todos, aquellos de izquierda y aquellos de derecha sin condiciones, vida o muerte, sean católicos, evangelistas, protestantes o lo que fueran, lo importante y fundamental, sean conservadores o progresistas, liberales o intervencionistas, es creer en el mito del siglo XX, el holocausto. A pesar de que es una mentira tan mal armada que ya nadie en su sano juicio cree, que no tiene sustento científico ni probatorio, a nadie se le ocurre cuestionarla en público. Quien lo hace sabe que pierde, además de su libertad y bienes, su vida social. En síntesis queda aislado de la vida social y tratado de loco (en muchos casos encerrado en manicomios), del mismo modo que la antigüedad se creía que la tierra era sostenida por cuatro tortugas gigantes, hoy se cree en el holocausto.

La humillación a la que es sometida la humanidad entera, mediante esta mentira a la cual es sometida ciegamente, no tiene paragón en la historia. Es algo absurdo e ilógico pretender que en la década del 40´se gasearon a 6 millones de personas; no hay científico que pueda sostenerlo, pero aún así, vivimos en el totalitarismo del holocausto. Quien se atreve a negarlo, como en cualquier totalitarismo, es sentenciado, no existe lugar a replica ni a estudio. Vivimos en el totalitarismo del dinero y del holocausto, sometidos a estos dos conceptos, y la izquierda y la derecha trabajan incansables para que así sea. Como en todo totalitarismo no podemos apartarnos de estas realidades, ni cuestionarlas. El mundo se sume cada vez en la miseria, hambre, drogas, guerras, pobreza, deterioro de la naturaleza, extinción de razas animales y hasta humanas (ya los blancos no existen, queda únicamente una ridícula mezcla mestiza de ellos) pero la izquierda y derecha que nos gobiernan siguen en el poder mintiéndonos y sometiéndonos a estas miserias.

El totalitarismo del dinero y del holocausto están llevado al mundo al colapso total, donde unos pocos controlan todos los recursos y bienes y muchos son sometidos y obligados a vivir persiguiendo este dinero, olvidando aquellos ideales que alguna vez supo tener el ser humano cuando importaban otras cosas como el honor, lealtad, el trabajo desinteresado de la tierra por el bien de la comunidad y de quien lo realiza (esta idea en el materialismo comunista y capitalista ni siquiera existe), la camaradería y el respeto al jefe, a aquel que la naturaleza dotó de condiciones diferentes de mando y fuerza, respeto a la naturaleza y la vida en el campo, respeto a quienes nos defienden con la espada. Hoy día el totalitarismo del dinero y la religión del holocausto nos obligan a creer en el egoísmo de quien tiene más dinero a cualquier costo, el débil que se ríe del fuerte, el débil sin honor que logra riquezas con la especulación y la usura, la alabanza a la fama estéril y pueril de quien solo interpreta un papel en el cine en vez de al soldado o a quien trabaja la tierra, alabanza a aquel que deshonra a la naturaleza y deteriora su cuerpo con drogas, deporte por dinero. Una vida sin rumbo donde todos corren tras el dinero que se escabulle entre las redes del interés y usura, una vida de sometimiento y esclavitud aguardando la llegada final del “mesías” que someterá de una vez por todas al mundo, y lo pondrá sin condiciones a los pies de Israel.

Por E.L.

Fuente: E.L.